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La persuasión y la convicción son instrumentos muy efectivos para conseguir la atención y el convencimiento de las personas. Muchas veces, independientemente de la solidez de los argumentos. Por ello, es frecuente que numerosos farsantes consigan atraer al auditorio e impongan una realidad que, en algunos casos, no es más que una ficción.

Simón Frank, polaco de origen judío, arriba en 1962 a Coronel Sívori, un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires arrastrando un pasado tortuoso en los campos de concentración alemanes en los, según comenta, quedaron todos los integrantes de su familia. 

Una vez asentado comienza la construcción de una casa rememorando la que había quedado en Polonia para representar en ella una obra de teatro que narre su propia vida antes de la guerra. Pide la colaboración de la gente del pueblo y luego de la primera puesta, año tras año, durante más de 40; una semana al año la pone en escena, incorporando paulatinamente otros edificios que van completando el diseño de la ciudad que había dejado atrás.

De esa manera, con el relato de Walid Mansour, un actor y director de teatro libanés, que habla en francés, es que comienza “La obra”, perfomance teatral creada por el talentoso director y dramaturgo Mariano Pensotti conjuntamente con el grupo Marea y que fuera representada recientemente en el Teatro Presidente Alvear de la ciudad autónoma de Buenos Aires. 

El personaje de Walid Mansour fue interpretado por Rami Fadel Khalaf, un actor que nació en un pueblo cercano a Damasco, en Siria y en el año 2012 abandonó su país por la guerra civil; actualmente se encuentra como refugiado de guerra en Berlín.

La creativa propuesta de Pensotti aborda centralmente la convicción que puede generar alguien en función de un relato convenciendo a toda una comunidad y a partir de ello, instaurar una concepción de realidad independiente que lo sea o no. Es una aproximación a la necesidad impulsiva  e imperiosa que muchas personas tienen de creer. Creer incluso más allá de la lógica y el sentido común.

En la obra teatral, Mansour cuenta que él mismo (el personaje) es un refugiado en Alemania que tuvo que huir de su país, entre otras razones, porque su padre fue considerado un traidor y por lo tanto, ejecutado y se entera, ya en Alemania en 2019, de la historia de Simón Frank. Interesado viaja a Coronel Sívori a conocer más de los hechos. A partir de ello, en un escenario circular, vertiginoso, se genera una interrelación atractiva ya que al relato de Mansour se le suma los relatos de las personas que, en algunos casos, desde la primera versión que Frank realizó hasta la última, participaron en las puestas en escena del polaco. Suman sus opiniones de la relación que mantuvieron con Frank y de su propia vida, actuando como narradores y testigos a la vez. Ninguna de esas personas había conocido siquiera lo que era una obra teatral y año a año, más allá de la semana en que representan la obra, su vida se va transformando, incorporándose ellos mismos en la obra e incorporando la obra en ellos mismos. 

Los recuerdos y los sueños forman parte integrativa de la trama. Tanto el tren que irremediablemente se va a estrellar en el sueño de Walid, como las palomas masacradas por los caranchos en el sueño de una de las habitantes de Coronel Sívori. Pensotti consigue introducir la actualidad en el texto de forma tal que, más allá de las sucesivas vueltas temáticas que se le van descubriendo al espectador, la centralidad de una humanidad en faz de destrucción excede a la mera metáfora.

Finalmente, la persona que se hacía llamar Simón Frank no era tal. Era un nazi buscado (y finalmente encontrado) que se había apropiado del nombre de un judío polaco asesinado en un campo de concentración y se había adueñado también de sus recuerdos. Un impostor que durante cuarenta años conmovió a una comunidad con sus mentiras. Por otra parte, tampoco el padre de Waldir era un traidor, sino que su amigo que sí lo había sido, lo había denunciado para salvarse. 

Mariano Pensotti con el grupo Marea (integrado por Mariana Tirantte -escenografía-, Diego Vainer -música- y Florencia Wasser -producción-) presentaron “La obra” en los principales festivales y escenarios del mundo, como el Wiener Festwochen de Viena, el Athens Epidaurus Festival, el Festival d´Automne à Paris, the ATRIUM de Lituania, el Piccolo Teatro di Milano, el Festival Playful Shadows de Amberes y  el HAU Hebbel am Ufer de Berlín, con notable repercusión. La superposición entre ficción y realidad es una constante en los trabajos en equipo entre Pensotti y los integrantes del grupo Marea. Así lo han llevado a cabo en varias obras premiadas, como  “Una sombra voraz”, “El pasado es un animal grotesco”, “Cineastas” y “Los años”. Han encontrado una perfecta interrelación entre literatura, artes plásticas y cine (en “La obra” hay exhibiciones de documentales alusivos a la vida del embustero Simón Frank) y de esa conjunción surge un espectáculo conmovedor y reflexivo.

Preocupado por la memoria, Pensotti ha afirmado: “me obsesionan dos cosas desde hace bastante tiempo. Por un lado, cómo nosotros creamos ficciones permanentemente, cómo transformamos nuestra vida al narrarla. Porque para mi el punto cero de la creación y, por ende, de la ficción, está en cómo modificamos nuestro pasado cada vez que lo recordamos. Por otro lado, me gusta pensar cómo todos estamos creados por ficciones. O sea, cómo todos repetimos en nuestras vidas cosas que hemos ido viendo en películas, libros, series”.

En “La obra” las actuaciones de Alejandra Flechner, Diego Velázquez, Horacio Acosta, Susana Pampín, Pablo Seijo y la música en vivo de Julián Rodriguez Rona, junto a Ramio Fadel Khalaf son impecables en una puesta en escena que consigue atrapar y sorprender en las distintas capas del relato. Cada nueva versión suma, acompaña o modifica la anterior. Es un desafío a cómo una sociedad construye su visión de la realidad, elabora conceptos y administra su pasado. 

La editorial Paripébooks ha publicado un libro con el texto de “La obra”  conjuntamente con el de “Una sombra voraz”, dos obras de teatro de Pensotti. En una nota al inicio del libro Pensotti, al definir el criterio que lo mueve tanto a él como al grupo Marea, afirma “en nuestras obras hemos explorado cómo el pasado cambia porque lo modificamos cada vez que lo narramos; nos hemos preguntado si creamos ficciones para ser menos efímeros o sí, por el contrario, son las ficciones quienes nos crean a nosotros para eternizarse; hemos rastreado en el presente las huellas de la violencia política del pasado reciente; hemos hablado de padres e hijos, de mitos familiares, de dobles, de cómo nos transformamos en reflejos distorsionados de lo que imaginamos que seríamos…”

Comprometido con la cultura y el teatro en particular, Pensotti ha declarado que “está claro que para la gente el teatro funciona como un lugar donde podés ir y encontrarte con otro. Un espacio donde existe un nosotros, donde existe algo de un proyecto colectivo que no está guiado por el mercado. Y que eso sigue siendo muy valorado. (…) El teatro ha sido históricamente un lugar de resistencia social y política en la Argentina, aún en medio de las peores dictaduras”.