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La realidad política en varios países permite elucubrar determinados comportamientos sociales en virtud de las aceleradas modificaciones que se evidencian. De forma tal, que las enunciaciones o interpretaciones distópicas lejos de ser una fantasía derivada de mentes delirantes terminan siendo cavilaciones con apariencias de verosimilitud.

La delicada concatenación de axiomas que van configurando una creciente corriente de convicción en sectores de las sociedades occidentales contemporáneas es un factor que sociológica y políticamente viene sorprendiendo en igual medida a investigadores, opinólogos, consejeros y trashumantes comunicadores.

Las progresivas ideas disruptivas respecto a los conceptos tradicionales de democracia, igualdad, solidaridad y Estado, viene siendo motivo de estupor, estudio, crítica y análisis sin llegar a comprender con sentido conclusivo las diversas variantes que, en sociedades disímiles, obtienen resultados análogos.

Jan Komasa es un joven director de cine polaco, nacido el 28 de octubre de 1981, en la ciudad de Poznan, ubicada en el centro del país. Pertenece a una familia de artistas. Su padre, Wieslaw Komasa es actor teatral que ha protagonizado más de 40 películas. Entre ellas dos de su propio hijo, “Suicide Room” (2011) y Hater” (2020) y fue parte del elenco de “La lista de Schindler” (1993) de Steven Spielberg. Su madre, Gina, es integrante de un grupo de spirituals y productora musical de televisión y cine. Entre sus participaciones, ha sido consultora musical en “Suicide Room” de su hijo. Su hermana, Mary es una reconocida compositora y cantante. Su hermano Zsimon es un barítono reconocido internacionalmente y su hermana menor, Zofía, es diseñadora de vestuario, y ha participado de la serie de televisión “Ultraviolet” (2017) de su hermano. 

Desde muy joven Komasa se ha vinculado con el teatro. Luego de estudiar filosofía, comenzó a cursar dirección en el Instituto de Arte Dramático de Jerzy Grotowski, importante institución cultural oficial de Wroclaw que se dedica a investigar, documentar y difundir los textos y los métodos teatrales del director homónimo y que fueran objeto de contraposición con los del célebre actor y director ruso Konstantin Stalinslavski. Después de esa experiencia, Komasa se capacitó en la Escuela de Cine de Lodz, de donde han egresado notables cineastas como Krzysztof Kieslowski, Roman Polanski, Andrzej Wajda y Krzysztof Zanussi.

Con solo 23 años, en 2004, Komasa realiza el corto “Dios, estás aquí”, que participó de Cannes, obteniendo el tercer puesto de una competencia juvenil. Luego de un segmento en un film colectivo, “Oda a la alegría” (2005), un documental “Splyw” (2007) y un episodio televisivo, en el año 2011 realiza su primer largometraje ficcional “Suicide room”, película que obtiene el premio a la mejor película polaca del año, galardón que repetirá en todas sus realizaciones posteriores.

“Suicide room” inaugura una serie de temáticas que caracterizará la filmografía de Komasa. Aborda una realidad inescindible del tiempo presente: la incertidumbre, que el mundo virtual no hace más que exacerbarla. La contradicción entre el mayor acceso a los medios de comunicación con internet y una creciente falta de interrelación personal. “Para mí, una de las cosas más difíciles de la juventud es la búsqueda de su propia identidad porque, de hecho, en las sociedades contemporáneas las fronteras de las relaciones sociales quizá no han sido rotas pero se han vuelto muy flexibles. La juventud es muy frágil y, por ello, es proclive al extravío y a la pérdida de sentido”, ha declarado. Como también define el director, el protagonista un joven de clase alta, que tiene una vida que parece perfecta, se percibe perdido, no sabe quién es y busca alguien con quien conversar e interactuar. Agrega “en una sociedad con una multiplicidad de opciones es fácil perderse”.

En su siguiente película, “Corpus Christi” (2019) Komasa, luego de realizar algunos cortos y episodios de televisión, cuestiona la desnaturalización de los principios del cristianismo sometiendo las personas a rigideces e impedimentos formales, por encima de las condiciones humanas. Daniel, el protagonista, como es un ex convicto no puede acceder al seminario para capacitarse como sacerdote. Al obtener la libertad se involucra en una comunidad donde el pastor es alcohólico, oculta su historia y se hace cargo de la parroquia, estableciendo lazos con los jóvenes en un pueblo que se encuentra abrumado por un terrible accidente que le costó la vida a varias personas. Aparecen los costados más inhumanos y los más sensibles de las personas, a la vez que la decadencia de una institución que se fue desacreditando con los años. La película obtuvo más de 50 premios en distintos festivales, entre ellos uno en el Festival de Venecia y fue candidata al Oscar como mejor película en otro idioma. 

Un año después Komasa, con “Hater” vuelve a poner el foco de atención en las redes sociales y su usina de odio permanente. Se acerca a las consecuencias de las manipulaciones generadas por los mensajes, muchos de ellos con noticias directamente falsas, imbuidos con una clave sensacionalista en seres expuestos emocionalmente sin ánimo ni voluntad ni esfuerzo de análisis. El desprestigio, el amarillismo, la falta de humanidad, la irracionalidad y la violencia la involucra con el creciente despliegue insolente del ultraderechismo que en esos años comenzaba a derramarse en Europa. 

La última película de Komasa, “Aniversario” (2025) es la primera que realiza en Estados Unidos, con un elenco de figuras notables y emergentes. El guion le pertenece conjuntamente con Lori Rosene-Gambino, una escritora de televisión y cine, que ha redactado textos desafiantes e interpelantes. “Aniversario” es una película política distópica. 

El film estremece al involucrar transversalmente las ideas totalitarias, de extrema derecha, en el marco de una familia produciendo efectos devastadores y terroríficos. Comienza por el festejo del 25° aniversario de casados de los Taylor, familia integrada por la madre, Ellen (Diane Lade) profesora de la Universidad de Georgetown, la más antigua de los Estados  Unidos, creada por los jesuitas en Washington; el padre, Paul (Kyle Chandler), chef y dueño de un restaurant y sus cuatro hijos, Anna, artista (Madeline Brewer), Cynthia, abogada ambientalista (Zoey Deutch), la adolescente Birdie (Mckenna Grace) y Josh (Dylan O´Brian), incipiente escritor. 

Para el festejo, en un hermoso jardín de una importante casa junto a un lago, se suman el esposo de Cynthia, Rob (Daryl McCormack) y Liz Nettles (Phoebe Dynevor), la novia de Josh que, en la ocasión va a ser presentada a la familia. Liz, en realidad, era una estudiante de la Universidad de Georgetown que abandonó los estudios luego que Ellen haya objetado su trabajo académico debido que era un manifiesto totalitario de partido único. La fiesta transcurre sin que la tensión que el director evidencia en la actitud de Liz ocasione sobresaltos. En principio.

En una sucesión de eventos que se dan concatenando a lo largo de cinco años, Liz (eje ineludible del avance antidemocrático y reaccionario en la familia y en la sociedad) adquiere una importancia descollante. Por un lado, por adoctrinar a su propio novio con sus ideas e intentar incidir en las posiciones y acciones de sus hermanas y allegadas y por otro lado por obtener un éxito con la publicación de un libro, “El cambio”, mordaz y singular panfleto en el que desarrolló su tesis extremista y que, más que socarronamente, regala a Ellen.

Año a año, los encuentros por los aniversarios van desequilibrando la paz armónica de la familia y se va evidenciando una sociedad que muta a conductas absolutamente antidemocráticas con artilugios que los guionistas no dudan en señalar. El ejercicio de la delación, la estética del vestuario de los adherentes del “cambio” con reminiscencias de “El cuento de la criada”, la violencia disimulada por la edulcorada supuesta imagen de Liz, la vulneración de la opinión distinta, el avance fascista enmarcado en continua vigilancia, la persecución al distinto, la anulación de la verdadera libertad de pensamiento, la censura y el despido como actitud persecutoria, un Estado consolidado en un poder despótico, basado en el odio, la rabia, el veneno, la venganza, la destrucción y fundamentado en un cambio que destruye la democracia y no es más que un instrumento de dominación y aniquilación.

“Llévenselo también. Es uno de ellos” marca la frase más lapidaria, tremenda y brutal que se escucha al final. Estremece y desafía. Es una historia que, presentada como distópica, asusta y emerge como un horizonte engañosamente disimulado a partir de consignas aparentes, ilusorias, vanas que se entiende destempladamente posible y absolutamente terrorífico.