
Martín Kohan nació en 1967 en Buenos Aires. Es Licenciado y Doctor en Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Profesor universitario en varios centros de estudios. Autor consagrado de cuentos, novelas y ensayos. Hiperactivo. En su carrera literaria de más de treinta años, publica casi un libro por año. Su prosa es prolija, cuidada y meticulosa. Sus personajes son reconocibles. Dos de sus novelas han sido llevadas al cine. En sus ensayos se aprecia con claridad y relevancia sus maestros y sus influencias.
En la entrevista, un mediodía en un bar de Villa Crespo, nos acercamos a su infancia, el nacimiento de su interés por la literatura, el disfrute por leer y escribir, la elección de sus temáticas, los personajes de sus cuentos y novelas, el pasado trágico de la Argentina, Borges, Piglia, Puig, los escritores argentinos de la década del ´60 y los contemporáneos. El amor por Boca y la situación actual de la cultura. Es sumamente cálido en el diálogo. Es preciso, íntegro y no elude expresar con claridad su opinión frente a todos los temas. Sostiene que la base de su relación con la lectura y la escritura es el placer que le dan.
Gustavo Labriola – ¿Cómo comenzó tu interés por la literatura?
Martín Kohan – Empezó en la infancia, de la manera más sencilla, más esperable, más convencional que es el descubrimiento simple pero definitivo del disfrute, que es por donde sigue pasando hoy en día. La base de mi relación con la lectura y con la escritura es el placer que me dan. Claro que después se abre a cuestiones laborales, involucra cuestiones intelectuales, muchas facetas en relación a esa práctica. Pero empezó por el lado del placer y se sostiene por él. De qué manera o en qué escenas uno descubre, ¿siendo chico, que eso le gusta especialmente? Debe haber venido por el lado del colegio. Eso tan simple y tan común y a la vez tan evidente que eran las horas de lo que llamábamos castellano. Me entusiasmaba porque íbamos a leer y a eso lo vinculaba con el placer.
Gustavo Labriola – ¿En tu casa de infancia, se leía?
Martín Kohan – En mi infancia, en mi casa no se leía. No especialmente. No había un entorno de lectura en mi casa. En mi casa, como entiendo, podía ser bastante frecuente estaba el televisor prendido todo el santo día y la santa noche. Había sí, una biblioteca, modesta; no es que mis padres no fueran lectores en absoluto. En la biblioteca estaban los libros más esperables para esos tiempos, en una casa de clase media modesta. (Eran los ´80) Estaban “Flores robadas en los jardines de Quilmes” de Jorge Asís, porque eran los años del impacto de ese libro, “Octaedro” de Julio Cortázar, algún libro de Marcos Aguinis. Sí, había una biblioteca, pero considero que no he contado con el estímulo de un entorno de lectura. No era una familia que a las siete de la tarde se sentaran a leer en la casa.
Gustavo Labriola – Fuiste niño cuando la muerte de Perón, el 1° de julio de 1974 y el golpe de estado del 24 de marzo de 1976; adolescente cuando la guerra de Malvinas y joven en la restauración democrática. ¿El pasado te condiciona o te favorece en la elección de temas para tus novelas o cuentos?
Martín Kohan – No necesariamente me condiciona, porque si fuera un condicionamiento sería relativamente fácil de eludir. No escribo bajo mandato temático. Es decir: -Hay que escribir sobre …, lo que sea. Incluso respecto a temas tan medulares, tan decisivos como los años de la dictadura militar, las cuestiones de la memoria. No es que no me interesen, que no me interpelen, pero el impulso de escritura no está marcado por condicionamientos de que hay que escribir sobre tal o cual tema. Lo que supone para mí el pasado, esos años, las etapas de mi vida son en todo caso un estímulo literario, no de condicionamiento. Es decir, es la posibilidad que desde ahí se generen ideas narrativas, ideas literarias. Sobre todo, porque lo pienso no tanto como un período histórico a representar literariamente, sino como espacio de significación que me interesa indagar. Lo marco así porque entiendo que son maneras diferentes de entablar una relación entre la literatura y la política, entre la literatura y el pasado. No colocarlo tanto como en un plano de realidad empírica que la literatura vendría a representar o testimoniar, sino como espacio de significación de lo que se puede indagar.
Gustavo Labriola – Pessoa ha dicho: “Mi mundo imaginario fue siempre el único verdadero para mí”. ¿Cuándo escribís ficción, la entendés real?
Martín Kohan – No. Debe ser porque no llego a los niveles de Pessoa. Porque eso es lo que le pasa a Don Quijote de la Mancha, que cree que lo que lee es real, pero está loco, el personaje está loco. No lo confundo y una parte del atractivo de la literatura es como entra en juego la imaginación con la realidad sin confundirse. Me parece que es ese juego basado en la posibilidad de articular, de imbricar fuertemente una cosa con la otra, manteniendo la distinción es una manera de calibrar la potencia de la imaginación, distinguiendo lo real de lo imaginario, que se puede advertir la fuerza de lo imaginario en nuestra relación con lo real. No es que vayamos a confundir lo real con lo imaginario pero todo aquello que podamos imaginar o la imaginación condiciona nuestra relación con lo real. No están separadas, son instancias distintas, pero la imaginación funciona en la realidad del mundo. Ahí donde no es escapismo, sino que imagina la realidad del mundo, la imaginación condiciona nuestra relación con la realidad.
Gustavo Labriola – Sos hiperactivo. Treinta libros en casi treinta años. Un promedio de un libro por año. Tus novelas y cuentos son intensos. Tus ensayos muestran un análisis inmenso respecto a los temas. ¿Cuál es tu metodología de trabajo?
Martín Kohan – En el fondo es una cuestión bastante simple. Incluso obvia en algún sentido. No son tantas las cosas que me gustan hacer. Son más bien pocas y entre esas pocas, están leer y escribir, con lo cual dispongo de la mayor parte del tiempo posible para dedicarme a eso. Por la misma variable que apareció tu pregunta sobre la infancia y el comienzo de la relación con el mundo de los libros. Respondió al disfrute, al descubrir que me gustaba hacerlo y es lo que sostiene esa práctica hoy en día. Razonablemente me dedico la mayor parte del tiempo que me resulte posible a hacer algo que me gusta. Si no disfrutara no dedicaría ni un minuto a leer o a escribir; si hubiese un minuto de padecimiento en la lectura o en la escritura, dejaría de hacerlo. Y a la vez, no compite con tantas cosas porque, como dije, no soy una persona a la que le guste hacer tantas cosas. Puedo hacer varias cosas en el día, pero el tiempo que me queda para leer y escribir siempre es mucho porque me lo reservo. A la vez no puedo decir que tengo una metodología de trabajo porque mi capacidad de decisión sobre eso es muy relativa, lo hago en el tiempo que me queda. Ahora estamos teniendo esta charla, después tengo otra entrevista. Ayer, di cuatro horas de clases seguidas. El día anterior, di cuatro horas de clases primero y dos horas de clases después (hasta las diez de la noche). En los días anteriores, participé de un congreso de literatura en Santiago del Estero, también de un encuentro sobre literatura y cine en Montevideo. Entonces, no tengo una metodología de trabajo, me pongo a leer y me pongo a escribir cuando puedo.

Gustavo Labriola – Crees como Borges: “No sé si soy un buen escritor, pero un buen lector, si, lo que es más importante”. O como has dicho, “El lector que uno es, define el escritor que se es”
Martín Kohan – Lo tomo de él, completamente. Esa idea me interesa especialmente. Se puede alinear con unas intervenciones teóricas de Roland Barthes al respecto, que es correr del centro de la escena al escritor. Alterar la idea de que hay un centro de escena donde está el autor y los lectores acuden a ese centro de referencia y colocar al centro a los lectores, a la lectura. Borges es una referencia muy nítida, muy contundente del autor que toma la palabra en su condición de lector. No en términos de escisión, que pondría en un lugar de disputa la condición de autores o la condición de lectores. Se supone que los autores son lectores, también. A veces no parece. Entonces, por eso Borges me parece que es una referencia en ese sentido. El autor puede tomar la palabra como el lector que es y es una manera, también de pensar la relación entre lectura y escritura. No solo de lectores-escritores sino también la escritura se nutre de la lectura. Poner la lectura en el centro, poner los lectores en el centro y desde ahí pensar.
Gustavo Labriola -A propósito de Borges, has dicho que algunos escritores posteriores (Saer, Piglia, Aira) han tenido que resolver la figura “Borges”, ¿vos también la tuviste que resolver?
Martín Kohan – En realidad, yo y no sólo yo, mi generación recibe el problema relativamente resuelto, justamente porque hay capas generacionales intermedias. El efecto de intimidación está pensado a partir de Harold Bloom en el libro “Las angustias de las influencias” en el sentido de cierto poder de apabullar, no por intención ni por premeditación sino el poder de apabullar que se genera alrededor de figuras fuertes, de poetas fuertes, entendiendo como poetas fuertes a esos grandes escritores que marcan de un modo especialmente intenso, generando incluso el efecto de que todo lo que puede escribirse ya ha sido, de un modo, escrito por ellos, y Borges generó (porque es uno de esos poetas fuertes) ese efecto porque tratándose de Borges podría decirse “a las novelas las dejó liberadas, no escribió ninguna”, pero no se trata de eso, se trata de estos escritores que son capaces de suscitar un universo literario entero, un punto donde toda la literatura parece estar ahí, incluso las novelas que no escribió. Los escritores contemporáneos, los que vienen inmediatamente después de la presencia de estos poetas fuertes reciben un efecto de intimidación o hay una sensación de que no hay espacio donde escribir que no esté ocupado por el poeta fuerte. Incluso las novelas que uno pudiese pensar que no han sido pensadas por Borges, parecen, en cierto modo, pensadas por él, aunque no fuese así. Entonces, los escritores que comenzaban a escribir a fines de los ´60, que son los años cuando la consagración de Borges se vuelve definitiva, el reconocimiento fue anterior, claro está, pero la consagración como escritor central de la literatura argentina se consolida en esos años, esos escritores entonces se sienten intimidados por Borges. Manuel Puig y “La traición de Rita Hayworth”, el cuento “Invasión” de Ricardo Piglia. Más adelante, Fogwill, Aira, Saer son los escritores que lidiaron con este problema y lo resolvieron, porque está claro que es un efecto que se puede contrarrestar. El mundo literario que habilita Saer es uno, el mundo literario que habilita Manuel Puig es otro, el mundo literario y la relación con la política que se genera alrededor de Rodolfo Walsh es otro. Entonces, el efecto Borges está resuelto, en alguna medida para cuando los escritores de mi generación, aún los de una generación anterior empiezan a escribir, ya está descomprimido. Eso no supone que Borges quede de lado; al contrario, supone que no es preciso dejarlo de lado o que se puede contar con él.
Gustavo Labriola -A propósito de Piglia. La segunda parte de “Respiración artificial” transcurre en Concordia, que es mi ciudad natal, con la visita de Renzi a Maggi y la referencia al polaco Tardewski y el asunto entre Kafka y Hitler. Pero, es sin duda, una novela clave de la época en que fue publicada y de la literatura argentina toda. ¿Crees que ese libro habla en clave respecto a la dictadura?
Martín Kohan – Así fue leído posteriormente o así fue leído por aquellos que descubrieron lo que de una manera extraordinaria la novela contiene, lleva a cabo y tematiza, porque dentro de la novela está la figura de Arozena, el censor del rosismo. La novela “Respiración artificial” lidia estratégicamente con la censura de la época pero además, tematiza la figura del censor paranoico, lo que es formidable y es, efectivamente, una novela de referencia para pensar qué clase de maniobras hizo la literatura argentina durante la dictadura para poder escribir sobre eso y que la censura no le llegue y no lo intercepte.
Gustavo Labriola – ¿Te ha pasado de escribir un cuento que se transformó en novela?
Martín Kohan – Generalmente dedico un tiempo muy considerable a pensar lo que tengo entre manos, lo que tengo en mente, a buscar y explorar sus formas y eso lo hago antes de ponerme a escribir. A veces, he estado más tiempo dándole vuelta, en la cabeza, a ideas de novela que el tiempo que después me llevó escribirla. Como dedico mucho tiempo a ese armado previo, en el momento en que me pongo a escribir, lo más probable es que ya esté claro, para mí, si esa idea que tuve lleva a un cuento o a una novela. Lo que sí me pasó, una única vez, empecé a escribir lo que yo creía que era una novela, la escritura se truncó e indagando por qué, advertí que se había truncado porque no era una idea para una novela, era una idea para un cuento. Porque fue la única vez, por error mío, por largarme a hacer lo que no es mi manera de hacer (largarme a escribir sin haber pensado todo lo mejor posible antes). No sé qué me pasó, son esos momentos de debilidad que uno tiene. Me largué a escribir, sin haber moldeado del todo, sin haber dejado madurar del todo las ideas narrativas que tenía. Efectivamente, me equivoqué; empecé a escribir una novela y no era una novela, era un cuento y me di cuenta después. Terminé escribiéndolo como cuento y se llama “Cuerpo a tierra”.
Gustavo Labriola – ¿Te viste motivado en personas reales para configurar la idiosincrasia de tus personajes? ¿Por ejemplo, en “Ciencias morales”?
Martín Kohan – En parte sí, porque a veces una persona real que uno ha conocido te puede proporcionar material que sirve para la construcción de un personaje. No ha funcionado, para mí, en términos de una especie de transposición directa, sino pensar en alguna persona que uno ha conocido a la hora de elaborar un personaje puede permitirte valerte de detalles que son elocuentes para la representación o eficaces para que esos detalles sirvan para la representación de ese personaje, como podría ser una camisita abrochada hasta arriba del todo o pararse cruzando las manos delante de una pollera cuadrillé. Ese tipo de detalles pueden servir para el modo en que uno construye el personaje que pueden estar definidos por un detalle así. Entonces, no es tanto tomar a la persona real y pasarla a la ficción como remitirse a marcas, huellas de alguien en concreto porque eso puede servir para construir el personaje. Ese personaje va a poder estar construido a partir de personas reales distintas. Si se detectó un gesto de timidez de una persona, se lo puede usar en un personaje. En qué puede haber consistido el gesto de timidez, no sé, carraspear, bajar la mirada, acomodarse el pelo antes de hablar y eso se puede combinar con la ropa. Entonces, uno va usando esos materiales de la vida, pero no en un traslado directo de la realidad a la ficción.

Gustavo Labriola – ¿Te resulta fácil meterte en el pensamiento de un personaje despreciable?
Martín Kohan – Me resulta muy estimulante, desde el punto de vista literario y me alienta a la escritura, porque me interesa probar, ya no la experiencia de escritura, sino también la experiencia de lectura, cuando esa experiencia no transcurre con la comodidad de la identificación, sea la identificación con un personaje, sea la identificación con el narrador. Cuando el personaje incomoda, cuando el narrador asume una perspectiva que, en principio y esperablemente, no va a ser la del lector, me parece que se suscita una lectura descolocada que no va a encontrar un lugar de cobijo donde ampararse y va a tener que lidiar con eso que está leyendo, con todo lo que tenga de irritante o de perturbador. Que eso traspase a la experiencia de lectura, me interesa. Cuando uno como lector encuentra un espacio de identificación, se asienta y ahí, reposa. Me ha interesado, en ocasiones, probar narraciones que no procuren esa posibilidad de lectura en reposo, sino más bien, una lectura en situación de incomodidad.
Gustavo Labriola – Lo de publicar en distintas editoriales. ¿Responde a alguna estrategia?
Martín Kohan – Estrategia es mucho decir, en el sentido que supondría una especie de comando de decisiones de carrera literaria que yo no tengo. Ni siquiera pienso en carrera literaria. No considero estar en ninguna carrera literaria. Escribo, se me ocurren ideas, me dan ganas de escribir y lo hago. Los libros salen. Lo que uno busca, después, es que los libros circulen, de la manera más propicia, y por ello entiendo, facilitar la relación más fluida posible entre ese libro que aparece y los lectores que esos libros puedan tener. Entonces, en ese sentido, sí, fui encontrando una distribución acorde a lo que es más propicio en función de los lineamientos de una editorial en función del tipo de libros que allí se publican; considerando los ámbitos de publicación entendiendo que una editorial también es un contexto de publicación; viendo entre que otros libros de un mismo sello aparecen los que uno ha escrito y eso ya supone o predispone un horizonte de lectores posibles; donde es más adecuado que un libro aparezca, dicho esto, en favor del libro. Ahí se fue estabilizando, por ejemplo, las novelas en Anagrama; los cuentos en otra, y los ensayos, según qué clase de ensayos sean, si son recopilaciones, formatos más breves o son ensayos de una trama de crítica más espesa, en otra. Una editorial es un contexto de publicación, lo central es buscar para cada texto el contexto más propicio, en función de su encuentro con los lectores. Es muy simple. Es que uno termina un libro y se pregunta, ¿dónde podría ir bien esto?, teniendo como tengo y eso sí es algo que valoro mucho, la posibilidad de elegir, pero la elección, básicamente, tiene que ver con eso, tener el texto en las manos y decir, ¿dónde resultaría mejor publicarlo? Tan simple como eso.
Gustavo Labriola – Dos películas se han realizado basadas en libros tuyos. “La mirada invisible” (2010) de Diego Lerman sobre “Ciencias morales” y “Bahía Blanca” (2021) de Rodrigo Caprotti sobre el libro homónimo. ¿Te sentíste conforme con las películas?
Martín Kohan – No participé de la escritura del guión en ninguno de los dos casos. Sí me reuní con Lerman y Caprotti para intercambiar ideas. Quedé muy conforme en los dos casos, porque creo que las dos películas son tremendamente valiosas, como espectador y más allá que haya un libro mío de por medio. Esas películas me han entusiasmado mucho que en parte tiene que ver con el lugar en el que me coloco en cuanto a las expectativas ante una adaptación que no es la expectativa que la versión fílmica sea completamente adecuada respecto al libro o sea su reproducción simple o prolongación. No comparto la mirada de los autores que ven una película que es una adaptación de un libro suyo con una especie de criterio de medición de fidelidad, que tanto se han atenido al libro o cuánto se han apartado. No fui espectador de esas películas desde esa tesitura. Asumí desde el comienzo que un director que adapta un libro está haciendo otra obra, a partir de la primera, pero está haciendo otra y que en ese traspaso habrá lealtades y transformaciones; prolongaciones y alteraciones que puedo compartir o no. En el caso de las dos películas, ha habido cambios, conversé muchas veces con los directores y en los casos en que hubo discrepancias en cuanto a resolución narrativa y la película va en una dirección que no es la que le di a la hora de escribir la novela, lo he respetado; pero no me adjudico como autor del libro una especie de soberanía respecto de esas decisiones. Mi criterio imperó en la escritura del libro y me parece absolutamente válido que un criterio distinto apunte a una resolución distinta en la película que es otra obra de otro autor y no me decepciona en absoluto porque no tengo la expectativa de la lealtad absoluta.
Gustavo Labriola – ¿Sos espectador habitual de cine?
Martín Kohan – Si, razonablemente. No me considero un cinéfilo, ni mucho menos, porque no voy sistemáticamente. Lo que le atribuyo a la figura del cinéfilo, es quien puede ir gozosamente al cine a ver una película que sabe que no le va a gustar demasiado. Y aún así va, disfruta de ir al cine, porque es ir al cine. Eso es un cinéfilo. No tengo esa relación, como sí la tengo con la literatura. Encaro la lectura de novelas que sé que no van a deslumbrarme, pero igual me interesa hacerlo. No tengo esa relación con el cine. Tengo una relación fluida y frecuente pero dedicada a las películas que supongo me van a gustar mucho. En parte, uno sigue directores. Voy a poner un ejemplo entre muchos posibles. Si Lucrecia Martel estrena una película, yo la voy a ir a ver porque me interesa todo lo que hace Martel y si en algún momento, ella hiciese una película que podría no interesarme, igualmente iría a verla para descubrir por qué inicialmente generó para mí esa idea de no interesarme. En algunos casos sigo ese criterio y después, como corresponde a alguien que no es un entendido en la materia, ciertas sugerencias y recomendaciones me llevan a ver una película porque alguien confiable la elogia.

Gustavo Labriola – ¿Cómo congeniás tu amor por Boca con un deporte disputado por jugadores, algunos multimillonarios, -en cierta medida- desclasados, que responden a sus propios intereses, alejados de compromiso con una institución y en torneos que pueden ser condicionados con las apuestas?
Martín Kohan – Es muy fácil, en un punto. La respuesta viene por el lado del amor. Del amor por Boca. Si Romero (como la hizo anoche) la mete arriba y es gol de Boca, es suficiente para mí. Si lo hizo por el club, por el dinero, no importa. Yo le agradezco que haya hecho ese gol para Boca. Cada jugador que juega en Boca cuenta con mi fervor y le agradezco todo lo que nos dan a los hinchas de Boca, cuando nos dan buenas cosas a los hinchas de Boca. Después, la materia de su conciencia social, de su condición económica, no es que no esté involucrada, pero en el amor por Boca, está la explicación que me entusiasme fervorosamente por un quite, por una atajada, por un gol sin que lo que cobre ese jugador me afecte en lo más mínimo. El fervor, la explosión de pasión de un gol de un jugador de Boca no va a estar afectado en lo más mínimo porque se cruce la idea de cuánto gane por hacer eso que hace; que gane lo que tenga que ganar, que haga ese gol y que Boca gane. Eso es ser hincha de Boca. El problema con las apuestas es distinto, porque las apuestas pueden afectar la autenticidad del juego, porque puede condicionar y deformar lo que pasa en el juego; puede haber trampas en relación con eso. Entonces ahí si se daña aquello que le da sentido a ese amor, la idea de que los que juegan, juegan para ganar, no con la especulación de las apuestas. Ahí sí, el problema de las apuestas es que distorsionan el juego. Hay un problema con las apuestas, de todo lo que se pone en riesgo en el mundo del juego, pero eso le cabe a los casinos o al hipódromo. Me parece que el factor que puede perjudicar la pasión por el fútbol es cuando ocurren cosas raras, las que pueden deberse a un jugador o un árbitro comprados. Situaciones insoportables de pensar, entonces en ese sentido por una distorsión ligada a un factor ajeno al juego mismo. Estoy fuera del mundo del juego completamente. No he jugado nunca. En el viejo prode se apostaba a local, visitante o empate, era otra situación. Como ahora se puede apostar cualquier cosa, es mucho más complicado. El otro día pasó que sacan del medio, la pasan para atrás y el defensor que tiene que tirar un pelotazo largo, la manda directamente afuera. Y surgió la idea si alguien no habría apostado que iba a haber un lateral en los primeros 30 segundos de juego. Entonces ya no es la escala del partido arreglado o del referí que inventa un penal que no fue o que un jugador llamado Pinola que se desliza y derriba a un rival y no se cobra penal, claro que todo eso indigna y perjudica, pero no en los niveles de la distorsión generada por un jugador que tira la pelota afuera porque había una apuesta por los laterales. Entonces, ahí sí, hay un problema ligado que daña a lo que da sentido al juego.
Gustavo Labriola – Considerando tu experiencia como profesor. ¿Consideras que deba estudiarse en la facultad la obra de algún escritor contemporáneo?
Martín Kohan – Si, sin dudas. Hay una escritura valiosísima. Yo diría, desde Aira en adelante, a partir de lo que se conoció como grupo Babel, alrededor de la revista Babel, surgieron varios de los escritores más valiosos de la literatura argentina de ese tiempo. Por lo pronto, Sergio Chejfec, Matilde Sánchez, Alan Pauls, Sergio Bizzio y sigue un etcétera que sin duda corresponde a eso que estás diciendo. La literatura de Gustavo Ferreyra, por ejemplo, también. Ahora yendo a los años ´90, suelo mencionar a: Juan José Becerra, Luis Sagasti, Jorge Consiglio, que me parecen autores fundamentales. “La familia” de Gustavo Ferreyra y “El espectáculo del tiempo” de Juan José Becerra, a mi entender, tienen el espesor de clásicos literarios, aunque todavía no lo sean o no haya sido notado. Más contemporáneamente, la experimentación con la lengua que hace Ana Ojeda me parece fenomenal y la experimentación narrativa que hace Pablo Katchadjián también. La imaginación de futuro de Marcelo Cohen me parece superlativa y hay varios etcéteras más.
Gustavo Labriola – A propósito, me interesa porque lo nombraste a Katchadjián, ¿qué te pareció lo sucedido con “El Aleph engordado”?
Martín Kohan – Una idea muy extraordinaria mal interpretada. Para mí, desde el punto de vista de la concepción de lo literario porque hace una operación extraordinaria que no la hace solamente con Borges, lo hace también con “El Martin Fierro ordenado alfabéticamente”. Esa intervención sobre los clásicos, lejos de ser una maniobra desleal de aprovechamiento, una iniciativa de disminución de la condición de clásico es, por el contrario, lo que la confirma. Es una intervención que tiene sentido, justamente, en relación a la canonicidad del texto sobre el cual se interviene. Cuando Marcel Duchamp le agrega los bigotes a la Mona Lisa (en su obra “L.H.O.O.Q.”), tiene sentido porque reconocemos a la Mona Lisa, sino no tiene ningún sentido, sería un cuadro de una mujer con un bigote extraño. Son intervenciones sobre textos canónicos, sobre clásicos precisamente, porque son clásicos. Y un paradigma de ese tipo de práctica de intervención literaria es, precisamente, Borges que hace eso mismo con el “Martín Fierro”, cuando escribe el cuento “El fin”, o el cuento “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”. Katchadjián sobrescribe o escribe entre; produce intersticios en el texto de Borges para entrelazar una escritura con otra, es exactamente una concepción borgeana de la escritura como lectura. Lo que hace Katchadjián es muy borgeano. La idea de que ha querido usufructuar un libro que no era suyo es de una torpeza difícil de calcular porque el asunto consiste justamente en que sabemos que “El Aleph” no es suyo, es de Borges, pero además, no es difícil de advertir, lo dice. El juego es ese, tomar un texto ajeno, no apropiarse del texto ajeno, tomarlo como ajeno. Un gesto de plagio, un aprovechamiento de un texto ajeno es tomar un texto ajeno y hacerlo pasar por propio, mientras que la operación de Katchadjián es tomar un texto de Borges porque es de Borges y que no deje de advertirse que es de Borges, y entrelazar su propia escritura con la de Borges. Es una intervención literaria extraordinaria y extraordinariamente bien captada en su ejecución, en el sentido de que ahí donde la de Borges es una poética, podríamos decir del adelgazamiento, una poética del resumen, de la concentración, de la condensación, de la economía verbal, de la economía narrativa, intervenir ese texto para expandirlo, para agregarle allí donde Borges fue haciendo una prosa, no diría barroca, pero sí más abundante hacia una estética del despojamiento y de la economía verbal, intervenir ese texto para engordar y para expandir es una idea fabulosa. Cuando entraron en escena buenos lectores, como Beatriz Sarlo, digo en la escena judicial, cuando Sarlo se sentó a explicar que es la intertextualidad, como un texto dialoga con otro, que tan borgeano es hacer eso, el asunto se despejó. Porque Katchadjián fue sometido a juicio, estuvo años teniendo que soportar esa sombra sobre su cabeza, que si la justicia hubiese procedido con la ignorancia de quienes iniciaron la acción judicial, Katchadjián perdía el departamento en el que vive. Vivir con esa sombra encima y la justicia es lenta fue terrible para él.
Gustavo Labriola – Considerás, en general, que la mayoría de aquellos que se dedican a la política adolecen de formación cultural. No leen, ni se interesan por el arte. ¿Y cómo afecta en cuanto a la concepción humana y social del hecho político?
Martín Kohan – Depende, porque hay políticos y políticos. Es una definición que le cabe a muchos políticos, no a todos, incluso pensando en figuras presidenciales, diría le puede caber a varios, pero no diría que a todos, porque, además, en cualquier caso, la gestión de gobierno es colectiva, por lo tanto, si el jefe de estado carece de competencias culturales, claro que puede ser preocupante, puede ser cuestionable, pero delega las políticas culturales, no las ejecuta de manera personal. Si pensamos en la situación actual creo que no hay indiferencia, no le es indiferente, hay un propósito por momentos declarado de aplastamiento y de destrucción que no es lo mismo que la indiferencia. En períodos de indiferencia, por ignorancia, posiblemente, la indiferencia se plasmaba en proyectos débiles, financiamientos insuficientes, escasa iniciativa. Actualmente no hay escasa iniciativa, hay una fuerte iniciativa destructiva, de vaciar y de anular, no hay una carencia de nuevos proyectos, hay voluntad de destruir los proyectos existentes. No hay una procuración insuficiente de fondos públicos para sostener políticas culturales, hay un propósito expreso de liquidar las políticas culturales y de vaciar los espacios de producción artística, producción cultural y producción de saber. Hay una relación de hostilidad y además son muy, muy burros.
Gustavo Labriola – Eso tiene una conexión con el lenguaje, grosero, de ausencia de debates. ¿Cómo crees posible salir de esta realidad?
Martín Kohan – Subrayaría, sobre todo, en términos de lenguaje, lo limitado que es el actual gobierno, porque incluso la virulencia, incluso la agresividad puede tener un empleo relativamente elaborado y uno ahí podría discutir cómo es la elaboración de esa violencia o de esa agresividad, mientras el cuadro de situación no es solamente la agresividad y la violencia, sino también los niveles tremendamente magros de elaboración de eso que hacen; aún en el insulto son rudimentarios y el problema es que no hay ni siquiera un recurso elaborado y eficaz en el insulto como explosión de intervención que sacude la escena de un debate. Es pura escatología por pura limitación. Entonces el efecto es efectivamente aplastante y estamos tomados todos. Alguna vez pasará, será votando de otra manera, pero hay una parte que no va a licuarse así sin más ni siquiera si en algún momento los argentinos votamos de otra manera, porque el gobierno actual accede al poder en alguna medida en función que captó hasta qué punto esas condiciones de la relación con el lenguaje son condiciones dominantes en la época, de manera previa a la gestión de este gobierno. Lo que hace este gobierno es detectar cuáles son esas modalidades, operar eficazmente primero en los espacios específicos de esas modalidades que serían básicamente las redes sociales, mediante las nuevas tecnologías, después trasponer esas modalidades a las declaraciones del Estado, a discursos en el parlamento; trasladan esa modalidad a ámbitos de la política donde esas modalidades aplastan y embrutecen todo. Si llegáramos a votar distinto, que espero que sí y cambiar el gobierno, estas condiciones preexistentes de las que el gobierno actual se valió para encontrar adhesión en la sociedad van a seguir existiendo. Ahí tenemos un problema que trasciende a tal o cual gobierno, trasciende la instancia puramente argentina, la tecnología ha impactado en el mundo entero y ha transformado las condiciones en el mundo entero de tal manera que, por ejemplo, en esta entrevista que estamos haciendo, si algo de esto traspasara a las redes se estropearía, muy probablemente. Lo mejor o peor que hayamos podido decir a lo largo de este rato en cuanto a consideraciones, análisis, elaboración de ideas traspasado al formato redes, inmediatamente fragmentado y, por lo tanto, distorsionado y ofrecido, muy a menudo, no ya a la lectura de la que se va a elaborar un acuerdo o desacuerdo sino dirigido a una masa de pirañas que van a descargar virulencia sin necesidad de saber bien porque las están descargando, sin escuchar o leer sobre lo que se está pronunciando. Solo van a entrar en escena para irrumpir con su violencia y su degradación, eso está pasando y va a seguir pasando. Es un estado de cosas del que no sé cómo se sale, no sé si se puede salir, cómo se hace para salir de esto en lo que el mundo se ha transformado. Lo que creo que se puede hacer, lo digo como docente, es preservar y proteger ámbitos donde las ideas se expongan de otra manera, se consideren de otra manera y se debatan de otra manera. En las aulas no pasa eso que dije antes, en las conferencias, en las ferias de libros, en las mesas de debate de los festivales de literatura, en los encuentros de diálogo con el público al cabo de la proyección de una película no pasa eso que dije antes. Entonces preservar, fortalecer y ampliar el radio de incidencia de esos otros ámbitos es un modo de contrapesar la eficacia feroz de las condiciones imperantes en las redes porque esas condiciones van a persistir incluso si votamos de otra manera y el próximo gobierno no es como este.
Obra:
1993: La pérdida de Laura- Novela
1994. Muero contento – Cuentos
1997: El informe – Novela
1998: Una pena extraordinaria – Cuentos
1998: Imágenes de vida, relatos de muerte. Eva Perón, cuerpo y política (en colaboración con Paola Cortés Rocca) – Ensayos
2000: Los cautivos – Novela
2002: Dos veces junio – Novela
2004: Zona urbana. Ensayo de lectura sobre Walter Benjamin – Ensayos
2005: Segundos afuera – Novela
2005: Narrar a San Martín – Ensayos
2006: Museo de la revolución – Novela
2007: Ciencias morales – Novela
2010: Cuentas pendientes – Novela
2012: Bahía Blanca – Novela
2013: Fuga de materiales – Ensayos
2014: El país de la guerra – Ensayos
2015: Cuerpo a tierra – Cuentos
2016: Ojos brujos. Fábulas de amor en la cultura de masas – Ensayos
2016: Fuera de lugar – Novela
2018: El ahogado – Cuentos
2017: 1917 – Ensayos
2020: Confesión – Novela
2021: Desvelos de verano – Cuentos
2021: La vanguardia permanente – Ensayos
2022: ¿Hola?. Réquiem para el teléfono – Ensayos
2023: Desde la Boca – Ensayos
2025: El tiempo más feliz – Novela
2025: Argentinos, ¡a las cosas! – Ensayos
2026: La separación – Novela
2026: Lo que entiendo por Borges – Ensayos
Premios:
2007: Premio Herralde de Novela por Ciencias morales
2014: Premio Konex, Diploma al Mérito en Novela por el período 2008-2010
2024: Nombrado «Personalidad Destacada» del ámbito de la cultura de la Ciudad de Buenos Aires
2024ː Premio Konex 2024 Letras – Novelaː Período 2021-2023. Diploma al mérito.
