
El poder económico se alimenta, entre otras variables, de la necesidad. Necesidad que, lógicamente, surge naturalmente y en otras ocasiones, es generada en función de la rentabilidad que mueve el interés y que legítima u ocultamente se desarrolla.
Una necesidad genuina, como la recreación o el ocio, puede justificar el avance de construcciones en paraísos naturales privatizando el espacio público e impidiendo a mayorías acceder a él. A su vez, esas construcciones seducen a habitantes de esos lares entusiasmando con trabajos, temporarios unos, permanentes otros y que, en su alquimia utilitaria, el poder económico suscita en procesos que han obligado a la gente a dejar sus lugares nativos y concentrarse en los grandes conglomerados. Por ello, se origina el atractivo de los lugareños en función de la necesidad de trabajo.
El pastor sardo Ovidio Marras nació en julio de 1930 en Teulada, un pequeño pueblo de la provincia de Sulcis Iglesiente, en el suroeste de Cerdeña. El pueblo está ubicado en la Costa del Sur. Sus playas nada tiene que envidiarle a las del noreste de la isla, como Costa Esmeralda, donde veranea la elite más rica de Europa y que desde la década del ´60 es un polo turístico impulsado por el príncipe Karim Aga Khan IV.
Entre Capo Malfatano y Capo Teulada (nombre derivado del latín y que se refiere a la terracota, en función de la abundante arcilla del lugar), se despliega un paradisíaco paisaje de playas con un mar de color turquesa. Además, hay numerosos monumentos de la civilización nurágica, cultura prehistórica que habitó la zona desde la Edad del Bronce (1700 a.C.) hasta la conquista romana en el año 238 a.C.

El bueno de Ovidio, que vivía a metros de la playa, fue el único habitante del pueblo que se negó a vender su casa, heredada de sus antepasados y en la cual vivía desde su nacimiento, a la sociedad S.I.T.A.S., un grupo de inversionistas inmobiliarios integrado por grupos industriales como Benetton, Toti y Caltagirone y sostenida por instituciones crediticias. Su rechazo impidió que ese grupo pudiera construir un gigantesco complejo turístico de 190.000 m2 en Capo Malfatano (que mediante autorizaciones locales había comenzado a realizar) y estaba motivado por permanecer en su lugar y posibilitar que las playas y el espectáculo natural del entorno pudieran ser disfrutados por cualquiera y no solo aquel que tuviera los recursos económicos que los desarrolladores impusieran.
Marras, durante más de veinte años y a pesar de recibir ofertas multimillonarias (en liras primero y en euros luego) se opuso a vender y terminó enfrentándose judicialmente en 2010 con los empresarios cuando las obras impidieron que pudiera usar el camino de acceso a su propiedad y que Marras utilizaba para llevar a pastar a sus ovejas. La organización Italia Nostra ayudó al impugnar las autorizaciones administrativas del proyecto, obteniendo finalmente fallos a su favor. Italia Nostra, se había constituido en 1955 para oponerse a la destrucción de los centros históricos urbanos y desde esos años es una de las más importantes organizaciones dedicada a la defensa, protección y puesta en valor del patrimonio histórico, artístico, cultural y paisajístico de la península itálica. El tribunal de Casación italiano, luego de varias instancias, en 2016 le terminó dando la razón al pastor, argumentando que “los planes de parcelación no se sometieron a una evaluación de impacto ambiental”, ordenando paralizar el proyecto y demoler las construcciones erigidas ilegalmente y no permitiendo la construcción en su terreno ni en la zona circundante.
La historia de la resistencia de Ovidio ha sido elogiada por algunos medios, transformada en un símbolo de una batalla más grande: aquella contra la especulación edilicia y por la defensa del paisaje común, “la batalla contra el cemento”. Ovidio, firme y contundentemente, durante muchos años, frente al ofrecimiento creciente y que llegó a involucrar millones de euros, respondía: “No se vende”. Su motivación estaba ligada a su visión personal de la tierra como continuidad familiar. Ovidio falleció el 6 de enero de 2024 a los 93 años en su casa de Teulada.
Su convicción, lucha, entereza, testimonio y fortaleza fue llevada al cine por el director italiano Riccardo Milani en “La vida es así” (2025) con un guión escrito conjuntamente con Michele Astori. Introduce algunos elementos ficticios. Al protagonista le da el nombre de Efisio Mulas y a la playa la denomina con el nombre de “Bellesa Manna”, incluyendo algunos personajes secundarios que no formaron parte de la historia original. Pero en esencia, la película que se filmó desde febrero de 2025 y se terminó de rodar el 4 de agosto de ese año, cuando ya Ovidio había fallecido, mantiene la esencia fundamental de la cruzada contra la acción y la corrupción del poder económico que el pastor sardo había acometido.

En la película, la intención de privatizar una playa paradisíaca con la promesa de crecimiento económico y creación de empleo, que derramaría en los habitantes del pueblo posibilitando que no tengan que emigrar buscando mejores horizontes, se inicia en 1999 y el pastor, interpretado por un formidable Giuseppe Ignazio Loi (que casi no tenía antecedentes cinematográficos) tiene 80 años, vive en una modesta casa cerca de la playa con sus vacas. Su hija Francesca (Virginia Raffaele) que, junto a su madre, habitan una propiedad en el propio pueblo procura, una vez realizada la propuesta, convencer al padre de vender a la empresa constructora, intención que también tiene su Gianni (Jacopo Cullin) quien ha debido migrar a Londres donde vive con su mujer y sus dos hijos, malviviendo en su trabajo de camarero.
Con el paso del tiempo, se mantiene la negativa de Efisio y ante la incómoda persistencia de Mariano (Aldo Baglio) el encargado del emprendimiento, Francesca interpreta la postura de su padre y se pone de su lado, a pesar de las tratativas de los funcionarios y los habitantes del pueblo, algunos de ellos desocupados, para convencer de vender como ya habían hecho muchos de ellos.
El presidente de la corporación, Giacomo Greatti (el notable actor Diego Abatantuono) procura de mil maneras, con la intermediación de Mariano, convencer a Efisio, incrementando la oferta y ante la firme postura del pastor, avanzando con la construcción y el bloqueo del camino rural. La historia, como la real, continúa con la demanda contra la empresa, la actuación de una jueza condescendiente con el planteo de Efisio y la consiguiente resolución favorable a su postura.

La película está planteada en tono de comedia, con algunas licencias suavizando el tratamiento por parte de la empresa, habilitando en el presidente de la misma una cierta sensibilidad y disponibilidad a comprender la férrea postura de Efisio. Hecho que en la realidad no sólo no sucedió, sino que es absolutamente diverso a la frialdad, crueldad e indiferencia con que se tratan estas situaciones.
Como bien han observado algunos críticos, el film mantiene lazos comunicantes, entre otros, con “Aquarius” (2016) de Kleber Mendonca Filho, “La estrategia del caracol” (1993) del colombiano Sergio Cabrera y “En los márgenes” (2022) del argentino residente en España, Juan Diego Botto. A su vez, es una realización qué en procura de rescatar no solo la resistencia frente al poder, el amor por la tierra y el medio ambiente, la solidaridad y la búsqueda del disfrute común de los bienes, intenta recobrar la esperanza y la alegría. En eso, sobre todo en el final, se conecta con el final de otra encantadora fábula reciente, “El sol del futuro” o “Lo mejor está por venir” (2023) del genial Nanni Moretti. Y como dice Hyung-Chul Han “La esperanza no es optimismo. No es el convencimiento de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido”.
